| LA FORMA EN QUE DIOS QUIERE SACIARNOS (PARTE 2) |
La Forma en que Dios quiere saciarnos II
¿Por qué nos cuesta aceptar las bendiciones? Yo vengo luchando contra ese pensamiento en mi interior, quizá porque desde pequeños a lo mejor se nos excluyó de los grupos de juegos, quizá por ser los menos hábiles, quizá no éramos aceptados por nuestra condición social o familiar. Eso viene a herir, a dañar a la gente, y todo eso se puede venir arrastrando a tal punto que cuando viene una bendición, con derecho legal a recibirla, nos cuesta aceptarla. Porque su alma quedó bloqueada, pero la buena noticia es que, para eso apareció el Hijo de Dios, para deshacer toda obra del diablo, (1 Juan 3:8) y El dice que usted es digno, merecedor no por sus propios méritos, El le hizo heredero y coheredero.
Tenemos que aprender a dejarnos saciar para poder saciar, tenemos que aprender a dejarnos amar para poder amar. El primer mandamiento es, amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo. Pregunto, ¿cómo se ama a usted mismo? ¿Se estima, se valora, se cuida? Cuando se descuida, viola el templo del Espíritu Santo. ¿Cómo se ama a usted mismo? No le estoy hablando de que sea egocéntrico. A veces no nos amamos, no nos valoramos, a veces preferimos lo peor para nosotros. No le hablo de orgullo, de arrogancia, le hablo de tener el concepto que Dios tiene de nosotros. Por eso ahora el propósito de Dios es restaurar nuestras alma, hemos vuelto al pastor y obispo de nuestras almas para que la restaure, para que la sane, para que quite todas esas marañas y telarañas que nos ministraron mal, conciente o inconcientemente, a lo mejor nuestros padres desde el vientre, desde niños o nuestros mentores, maestros. Nos cuesta sonreír, nos cuesta aceptar la bendición, es tanta la bendición que decimos que no la merecemos. Debemos aprender lo que la Palabra enseña. No piense como el pródigo cuando está en la pocilga y ya estaba en la casa de la abundancia perdonado con banquete, con fiesta, con danza, con beso, con anillo, con vestido nuevo y seguir pensando que no merece, que no es digno. Hay que romper con eso, liberarse de eso para poder disfrutar la bendición. Primero tiene que aprender a comer la bendición, a aceptar que es hijo de Dios.
¿Quién no ha disfrutado de la misericordia de Dios? De los temas que me ha cautivado mucho es la misericordia de Dios. Somos resultado de ella. Cuando Mefi-boset se sentaba a la mesa del rey. El era el lisiado, marginado, se autollamaba perro muerto. Cuando David lo buscó, (Mefi-boset pensó que lo iba a matar), le dijo, desde hoy te sentarás a la mesa del rey, serás como uno de los hijos del rey, serás como un príncipe y comerás de la comida del rey. Fue aceptado como hijo de la realeza. 2 Sam. 2 Usted y yo éramos sin promesa, sin pacto, éramos excluidos de Dios y de sus promesas, pero Cristo nos dijo, estás aceptado y aquí estamos disfrutando la gracia del Señor Jesús, la gracia de Dios. Déjese bendecir, saciar, porque usted va a saciar a otros y cuando usted esté saciando a otros, Dios le va a seguir saciando. Estímese, valórese, es obra de Dios. Usted es templo del Espíritu Santo. Cuídese.
“Había también un mendigo llamado Lázaro que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico”. Lucas 16:20. Llegan los ángeles y lo llevan al seno de Abraham. ¿Por qué Lázaro siendo justo, hijo de Abraham estaba mendigando, quería saciarse de las migajas de la mesa del rico? El salmista lo dice de otra manera, que cuando era joven miraba a los hombres que hacían el mal y a los hijos de ellos pidiendo limosna en la calle y el decía, seguramente como consecuencia de su pecado han afectado a su familia, pero después miraba a los hijos de los sacerdotes, a los levitas, miraba a los hombres justos, a los que aportaban. Los miraba bendecidos, nunca los miraba en la calle pidiendo limosna, pidiendo algún favor, sino que siempre les miraba abastecidos, bendecidos. Cuando llegó a su edad adulta, ya viejo el salmista hizo un recuento de todo lo que había visto en su juventud y llegó a la conclusión y dijo, “joven fui y he envejecido y no he visto justo desamparado ni su simiente que mendigue pan”. Sal. 37:25 Los veía bendecidos, no buscando migajas, ¿por qué? Porque eran justos, porque Dios es fiel, es bueno, para siempre es Su misericordia. El tiene cuidado de los suyos, El honra a los que le honran, El sacia a los que sacian, es fiel, bendice, es digno de honrarlo por tanta bondad. Oremos…
Por:MELVIN MORENO
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